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GANARAS EL PAN....
Era una empresa que tenía la representación exclusiva de unos productos americanos para toda Argentina. Con el asunto de la tablita había crecido como la espuma y había que organizarse.
Todo el mundo parecía extremadamente serio. El Gordo Gerardo porque no acababa de convencerse de que aquello pudiera funcionar. El dueño de la empresa porque no tenía ni puta idea de qué beneficio le iba a reportar toda esta movida (hay que pensar que estábamos en los albores de la informática para una empresa con tres administrativos y veinticinco vendedores). El asesor contable, porque era el que había recomendado la implantación de un sistema de gestión automatizado y empezaba a sospechar que el otro lo iba a responsabilizar del posible fracaso del invento.
Y porque yo llegué como una hora tarde.
Entre mis taras no se podía contar esto de llegar tarde a una cita, todo lo contrario, pero esta vez se había dado la casualidad y el clima era más tenso que otra cosa.
El asesor expuso los requerimientos y luego se hizo un silencio expectante. Parecía que me tocaba a mí decir algo.
- O.K. –dije.
- …
- …
- …
- …
El ambiente estaba cada vez más espeso, así que el Gordo agarró el toro por los cuernos:
- ¿En cuánto tiempo te parece que va a estar listo?
- Tres meses –solté yo sin pensarlo demasiado.
- ¿Funcionando?
- Funcionando.
Tendré que venir dos o tres veces a recabar datos y todo eso, claro.
- Bueno –dijo Gerardo mientras se ponía de pie- , entonces nos ponemos en marcha…
No sé cómo se habrán quedado los otros pero, cuando salimos de las oficinas, el Gordo tenía el ceño hecho un ovillo.
-Espero que esto funcione –me soltó antes de subirse a su coche- teneme informado…cada dos días.
Lo que Gerardo no sabía es que yo ya tenía hecho un sistema para una empresa similar de Montevideo que encajaba como un guante. Así que ahora solo se trataba de ir mostrándolo poco a poco, cada tantos días, y ponerlo en marcha una semana antes de lo previsto. Por otra parte, lo que yo tenía ya hecho excedía los requerimientos que había planteado el asesor, así que se trataba también de hacer ver lo justo más un poco resaltando en su momento que ese poco más se me había ocurrido necesario y que iría sin cargo.
De pronto me había convertido en un estratega espontáneo: había creado temor y confusión y, al final, todo el mundo iba a estar doblemente feliz.
Genial
Tenía el año resuelto
1978
Ahora se trataba de sentarse a mirar el mundial de fútbol y relajarse un poco.
Un poco más, quiero decir.
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