27/06/11
F., preocupado por mi salud, me remite un análisis comparativo entre los efectos de la ingestión de agua y Coca-Cola, repectivamente. El analista se decanta claramente a favor del agua y manifiestamente en contra de la Coca-Cola dejando traslucir un matiz político que enriquece el análisis meramente sanitario de la cosa.
Como soy un inconformista nato, me largo a meditar sobre el tema con el fin de sacarle aún más provecho del que viene en el paquete:
Siguiendo el orden de cosas propuesto por el hidrópata en cuestión, se podría inferir que la vida en una carpa hermética provista de oxígeno puro, agua y lechuga ecológica sin sal ni aceite ni nada, evitaría aún más enfermedades FÍSICAS que la mera ingestión de H(OH) en cantidades generosas.
Quedaría por saber, visto que la sustitución de la Coca-Cola por H(OH) está comprobado que produce indistintamente depresiones profundas y/o mala lecha aguda, qué grado de degradación MENTAL se podría alcanzar viviendo dentro de la FISICAMENTE saludable carpa hermética.
En fin, son los problemas de esta cultura atomizada que se empeña en analizar las partes haciendo gala de una olímpica distracción con respecto al todo y que deambula impunemente por Internet para que el personal se pueda sentir de lo más responsable mientras va matando el tiempo frente al monitor.
Sin contar con que ya Marx, en su momento, denunció a estos adictos al agua responsabilizándolos de la desertización de California (USA) (*)
(*) Groucho y yo, Tusquet editores, 1995
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