sábado, 19 de abril de 2025

LO QUE QUEDA DE LAS COSAS CUANDO SE LAS EXPLICA

   Personalmente, soy poco afecto a los prólogos. Aún en el caso de que un prólogo sea en sí mismo una pieza de gran valor literario, como sucede en el caso de J.L. Borges, me inclino por disfrutarlo como una obra aparte y nunca antes de leer el texto prologado. Y esto porque considero, como diría Cortázar, que la obra debe defenderse por sí misma "como gato entre la leña".

  El mismo criterio lo aplico cuando un eventual lector de un texto mío me hace una crítica que no me gusta o me parece desacertada y mas bien me limito a pasarme la crítica por el forro y seguir mi camino con mis aciertos y mis errores. Si el lector no entendió lo que yo he escrito, o lo entendió y no le ha parecido digno de su elogio, de nada sirve responder con una  sesuda explicación. En suma, si un pieza literaria requiere una explicación, esta es, por definición, un intento fallido. Una obra debe atacar al lector de forma directa, provocar la emoción y el goce de modo previo a cualquier análisis racional.

 Peor es el caso de las investigaciones de corte policial como es la que expone el escritor uruguayo apodado Wimpi en un texto titulado "Lo que queda de las cosas cuando se las explica" donde refiere como un señor X (escribo de memoria) nos indica que el hecho de que el zapatito de Cenicienta fuera de cristal podría deberse a un error ttipográfico o de traducción. Dice X que, donde el autor quiso poner "pantoufle en vair" (zapato de piel), el linotipista o el traductor puso "pantoufle en verre" (zapato de cristal), quitando así todo el encanto de la versión que quedó para la historia de la literatura y el disfrute de las sucesivas generaciones de lectores. 

   También cabe citar el ejemplo paradigmático de la película "Citizen Kane" de Orson Welles. Otro u otros policías del arte descubrió o descubrieron que lo que el protagonista pronuncia en el momento de su muerte y que se convierte en el hilo conductor de la narración no es escuchado por nadie más que el espectador, lo cual viene a ser como un error argumental de gran magnitud. Sin embargo, el espectador no se entera o no le importa el detalle en cuestión en tanto la obra le impacta de forma directa y el film se mantiene a lo largo de los años como uno de los mejores de la historia del cine.

 Parafraseando a Borges se podría inferir que una obra lograda se compone de una verdad esencial y varios posibles errores accidentales. Lo contrario no aplica. 

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