domingo, 20 de abril de 2025

EL MISTERIO Y YO (un lector poco ortodoxo)

 Hace ya bastante tiempo que no suelo frecuentar la literatura de ficción. Las pocas veces que lo hago, si se trata de un texto más o menos largo, después de leer  quince o veinte carillas, una vez que me he enterado más o menos de qué va la cosa, suelo saltar a otras quince o veinte carillas del final para enterarme del destino al cual se dirige el autor. Después, a veces, empiezo de nuevo y lo leo todo.

 En suma, no me motiva el misterio. Más me interesa ir viendo cómo se las compone el escritor para llegar a aquel final de una manera eficaz. Es decir, leo el libro como si ya lo estuviera releyendo y así me ahorro la necesidad de una posible segunda lectura.

   También aprovecho ese peculiar sistema para practicar un deporte inspirado en una anécdota de don Luis Buñuel. Según cuenta la leyenda, cuando Buñuel pasó una temporada contratado en Hollywood, alguien le dio a leer un guion cinematográfico para recabar su opinión. Iba, creo recordar, sobre una espía en Europa. Al cabo de unas pocas páginas, Buñuel sentenció: "al final la ahorcan".

 Es una forma de entretenerme con un género que, como dije al principio, hace tiempo que no me motiva.

  Lo que escribo ahora también se podría llamar, como el texto que precede a éste y que se titula "Lo que queda de las cosas cuando se las explica", pero presumo que la cosa resultaría un tanto críptica para un lector que desconozca el motivo que me llevó a pergeñar estas líneas.

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