Mi amigo R.C., buen pianista y mejor compositor, aficionado desde hace un tiempo a escribir artículos y ficciones, me señala una serie de errores que, según su atendible criterio, yo cometo al pergeñar mis modestas producciones
Yo, debo señalarlo, a la hora de escribir me manejo intuitivamente. Escribo muy rápido y no me detengo a revisar el texto mientras sienta que el tema avanza satisfactoriamente. Recién después me pongo a la tarea de comprobar si lo que he plasmado sobre el papel expresa de forma adecuada aquello que yo quería decir. A partir de allí corrijo, tacho o directamente abandono la cosa, He de decir que esta parte de la tarea me provoca bastante pereza y seguramente no me aplico a ella con suficiente rigor.
Otra cosa es que, como en este blog, hay gran cantidad de textos que no respetan la puntuación académica y otras normas establecidas. Si, en lugar de utilizar el punto y aparte, separo los párrafos por un doble espacio, lo hago porque quiero que así se lea. Porque el punto y aparte en estos casos, no me parece suficiente brecha entre un párrafo y otro. Lo hago con una intención. Todo eso en cuanto a lo que R.C. entiende que son caprichos que no debería permitirme
Es más que probable que yo cometa otros errores de estilo de forma involuntaria, ya sea por distracción, falta de rigor o simple desconocimiento de algún dictamen de la Academia de las Letras. En esos casos el aporte de R.C. es muy válido y yo lo agradezco. Pero no todo es blanco o negro en esta vida, y ahí viene el meollo de esta amistosa discusión
Ahora, y luego de leer una mini novela mía, R.C. me señala que nunca se debe poner de alguna manera. Esto parece que R.C. se lo leyó a un señor muy puntilloso cuyo nombre no recuerdo pero del que no tengo por qué dudar en cuanto a lo sesudo de sus argumentos. A mí me parece que poner de alguna manera en una frase puede expresar de forma eficaz el hecho de que alguien tiene que hacer alguna cosa pero que aún no tiene claro de qué forma la va a hacer. Y, aunque está claro que uno no es nadie, como diría Wimpy, a mí me sigue pareciendo que la expresión puede sobrevivir a cualquier lectura de sesgo policial que se haga de un texto. No me parece que la canción de Luis Eduardo Aute merezca ser cancelada en atención al purismo del señor que adoctrinó a mi amigo
Para ilustrar mejor lo que quiero decir me voy a referir al célebre film Citizen Kane, de Orson Welles. El hilo conductor de la narración es la investigación que un periodista realiza con el fin de dilucidar qué quiso decir el protagonista en el momento de su muerte al pronunciar Rosebud. Al final el periodista no consigue su propósito aunque el espectador sí se entera del significado que aquella palabra tenía para el señor Kane
Lo que casi nadie percibe al visionar el film es que en el momento de la muerte del personaje no había nadie presente que le hubiera escuchado pronunciar aquella palabra. Este flagrante error argumental del guionista seguramente enfermaría de gravedad al puntilloso sabueso de la palabra. Pero la película sigue, después de ochenta y algo de años, estando en el podio como una de las mejores obras que ha dado el cine. Y, desde luego, el espectador no se entera del gazapo. O se entera y no le preocupa para nada, como es mi caso
Decía Borges que una leyenda se compone de una verdad esencial y una serie de errores accidentales. Las leyendas resisten el paso del tiempo y son acogidas por las sucesivas generaciones con incombustible devoción
Yo pienso, en suma, que la eficacia de una obra no depende de la atención a las exacerbadas alarmas de ningún censor formal. Que el arte no es una ciencia exacta y que, por supuesto, la exactitud no es un arte
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