lunes, 20 de abril de 2020

Si me preguntan, respondo

       X vuelve a acusarme. Dice ahora que mis exposiciones son políticamente ambiguas, que no se sabe de parte de quién estoy, que ejerzo de francotirador autónomo, por decirlo con mis propias palabras.
        Dice X que ataco a un poder abstracto ("los poderosos", "los fuertes", "Chisum"), pero no les pongo cara ni nombre propio real.
        Dice X que culpo al hombre de a pie de todos los males que ese poder abstracto le inflige.
        Dice X que tampoco le aporto o sugiero al tipo pedestre una fórmula, un modo de defenderse de los males a los que aquel poder le somete.


        Intentaré responder. Mis opiniones no quieren ser políticas, simplemente me limito a observar lo que sucede y a expresar mi opinión sobre lo que sucede. Mis opiniones no pueden ser políticas porque la política, tal como la entiende X, hace tiempo que ha dejado de existir y justamente ahora, ante esta circunstancia vírica, es cuando ha quedado más en evidencia lo que acabo de señalar.
       X cree, X quiere creer, que aún hay derechas e izquierdas- X quiere entrar en el futuro reculando, como decía McLuhan, mirando p'atrás, o sea. Ahora, la única política real que existe es una política privada que transcurre en cenáculos a los que no suelen estar invitados los políticos profesionales y, en caso que se les invite, sólo pueden acudir como sumisos oyentes. Y esto contesta en parte la segunda inquisición de X, en lo que se refiere al mundo judeocristiano. En estos cenáculos es donde se diseña la imposición de unas normas que luego se recomiendan al tipo pedestre a través de políticos profesionales y  periodistas de todo tipo. En otros ámbitos (China, Rusia, el mundo musulmán), las normas se imponen mediante la violencia más o menos explícita del Estado o de la Religión. Porque estamos ante una lucha de, principalmente, tres grandes contendientes, a saber: El mundo judeocristiano occidental, China y posibles aliados, y el mundo musulmán. Desde luego es pronto para saber cómo se irán alineando los diversos actores a lo largo de esta confrontación. En qué bando estarán Rusia o Japón o India es algo que no se sabrá hasta que las cosas se vayan calentando.
   Pero X quiere seguir pensando en términos de partidos políticos locales (populares, socialistas, podemitas, fachas, nacionalistas, etc.) y me pide una definición en una contienda menor que no me interesa para nada. Sobre todo ahora que ha quedado bien claro que todos estos actores de reparto apuntan en la misma dirección.
    En cuanto a que culpo al hombre de la calle de todos sus males... pues, sí. Porque, lo mismo que X, el tipo pedestre no quiere saber lo que realmente pasa.
    Y, por último, lamento decir que no tengo ninguna solución que aportar. El mundo seguirá el rumbo que determinen los ganadores y nosotros lucharemos en el bando que nos toque para mayor gloria de los que nos conduzcan, como siempre.
    Mientras tanto, nuestro equipo judeocristiano necesita soldados obedientes y baratos.

                                                                                En eso estamos.
 

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