La política, en el peor y más común de los casos, sería el arte de convencer a los débiles (que son mayoría) para que éstos apoyen los intereses de los poderosos (que son minoría) a cambio de una sustanciosa comisión por los servicios prestados (a los poderosos)
En el mejor de los casos, se trataría de pugnar por establecer la forma más equilibrada posible de convivencia entre las personas y los países, tanto en lo económico como en los social
Dicho esto, desde un punto de vista ideológico y a primera vista, daría la impresión de que las izquierdas están más cerca que las derechas de la segunda opción, que también parece la más deseable
En el mejor de los casos, se trataría de pugnar por establecer la forma más equilibrada posible de convivencia entre las personas y los países, tanto en lo económico como en los social
Dicho esto, desde un punto de vista ideológico y a primera vista, daría la impresión de que las izquierdas están más cerca que las derechas de la segunda opción, que también parece la más deseable
Sin embargo, la ideología no resulta suficiente para conseguir tales objetivos. Porque como dijo aquel personaje de Ibsen: de qué te sirve tener la razón si no cuentas con el poder.
La cuestión es que las izquierdas solamente son capaces, siempre en el mejor de los casos, de intentar esa tarea por medio de la fuerza en tanto las derechas, con su poderío económico y dominio de los medios de comunicación, no les dejarían prosperar en tal sentido así nomás, por las buenas
Y ya sabemos que lo que se consigue por medio de la violencia es pan para hoy y hambre para mañana
Ahora bien, ¿que opción nos queda?
Una sola, digo yo: una derecha lo suficientemente inteligente como para ejercer el autocontrol indispensable que permita mantener el péndulo en un ángulo mínimo de oscilación entendiendo
algo tan antiguo y tan simple como aquello de que la avaricia rompe el saco
Esta derecha utópica no tardaría en incorporar alguna de las preocupaciones de la izquierda en lo referente a la justicia social sin caer en el otro impulsor del péndulo que consiste en confundir justicia social con filantropía a cargo del Estado, que no es lo mismo
Al final tendríamos unos gobiernos situados más bien al centro y podríamos (los ciudadanos de a pie) dedicarnos tranquilamente a nuestras cosas sabiendo que las cosas de todos están en más o menos buenas manos, que es lo que en el fondo todos queremos
Esta utopía, creo yo, sólo puede emerger de los llamados Think Tank, suponiendo que en estos foros de intercambio de ideas cupiera la posibilidad de que se imponga la inteligencia, cosa que me provoca muy serias dudas
Así que me voy a despachar mi café con leche con un par de croissants y luego me iré a jugar unos hoyos, que para soñar ya estoy un poco mayor
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