sábado, 6 de agosto de 2016

El sueño de los otros (5)


                                                                         (5)



Todo empezó, por lo que a mí respecta, en la cocina de mi apartamento. Yo me había cambiado a otro habitáculo de la misma planta que tenía la cocina aparte y, ese día, al regresar del trabajo me encontré con la versión material de uno de mis sueños recurrentes. Mabel (así resultó que se llamaba) estaba preparando un pollo al curry. Llevaba, por toda indumentaria, tacones de aguja, medias con costura y un gracioso delantal. Hola -dijo, acompañando las palabras con una deliciosa sonrisa- Javier me abrió la puerta...los demás están en su apartamento. Los demás eran Javier, Charly (el otro tripulante de Aerolíneas Argentinas que vivía un piso más arriba que Javier Cantlon y yo) y las otras dos chicas que ambos habían reclutado para la ocasión. Así empezó la semana.
 Javier y Charly no volaban en los próximos seis días y habían decidido que yo ponía la cocina, Javier la música y las bebidas y Charly el popper, la maría y lo que hiciera falta para animar la fiesta. La provisión de chicas se la repartirían entre ambos.
 Una de las otras chicas se fue esa misma noche, Mabel desaparecíó al tercer día. Unas se iban y otras llegaban, pero siempre habían tres.

 Fue una semana de lo más intensa en lo que se refiere a sexo, J&B y música de la buena (Johnny Hartman con Coltrane, Ella, Hancock, Benson, Sinatra, Joe Farrell, etc.). De lo otro yo probaba poco porque, como solía decir Cantlon, éste no tiene problemas para subir, más bien tiene problemas para bajar, lo que venía a significar que, cuando él o Juli o Charly estaban colocados y yo no, era el momento en que mejor conectábamos todos.
Mi idea de escribir un guión en mis horas de ocio con el fin de intentar hacer una película en serio pasó de golpe a un segundo plano. Desde que había llegado a la Gran Ciudad ya había dejado, imprevisiblemente para mí, dos cosas: la coca-cola y mi supuesta vocación artística.

  El sábado Javier y Charly levantaron vuelo y aterrizó Juli que acababa de romper una vez más con una de las dos mujeres que lo cobijaban alternativamente. Juli reparó en el par de pechos que dormían en mi cama y preguntó:
¿La conozco?
No -respondí- en realidad yo tampoco la conozco
Ah -dijo Juli, y se sirvió una buena dosis de J&B sin hielo ni nada- ¿cómo va el guión?
No va -respondí- la verdad es que no sé por qué creo que tengo la obligación de hacer algo trascendente.
Es el sueño de los otros -dijo Juli-, alguien, un padre, una madre, la gente, sueñan con viajar, con ser artistas, con el sexo promiscuo... pero no se atreven. Nosotros captamos la tristeza y nos ponemos a la tarea de cumplir sus sueños, nos vamos a vivir a otros países, nos follamos todo lo que podemos y un poco más, vivimos de noche y decidimos ser artistas. Lo que pasa es que esto último requiere una buena dosis de disciplina o de desesperación. Disciplina, cero, y desesperación no parece que tengamos la suficiente...el alcohol y el sexo la mitigan bastante, y en todo caso no somos Bukowsky...

 Después se sirvió otro trago y uno más para mí
                                                                 luego, el silencio duró más que la botella.....  

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