Activistas, los hay de todos los colores.
Yo no sé bien cuándo empezó esto de los activistas pero, así como moda, podemos decir que a partir de la mitad del pasado siglo. Antes, en mi lejana juventud, estaban los movimientos o partidos políticos que asumían una postura más o menos pareja y coherente con su ideología. Era más fácil adherirse o simpatizar con un grupo político organizado. Estabas más o menos de acuerdo con estos y más o menos en desacuerdo con aquellos. Pero entonces, en el afán de incorporar más adeptos a su partido -que no a su causa-, los políticos empezaron a transigir con las propuestas más "populares" de sus adversarios disfrazándolas con matices poco relevantes, pero poniendo mucho énfasis en ellos, con el fin de mantener las "distancias". Así fue que los partidos mantuvieron sus respectivas retóricas mientras iban renunciando cada vez más a sus presuntos "principios".
Entonces aparecieron los activistas que, como dije antes, los hay de todos los colores. En primer término, podemos distinguir dos perfiles de esta especie: Uno, los que se pueden identificar fácilmente con una tendencia política. Dos, los más ingenuos y distraídos, aquellos que, movidos por factores emocionales y muy poco o nada razonados, se dejan conducir por una prensa y una industria del espectáculo totalmente funcionales a los intereses de una oligarquía supra nacional empeñada en atomizar el pensamiento del personal de modo que no pueda existir un grupo más o menos homogéneo de personas suficiente para hacer peligrar sus intereses. Así, las casi infinitas sub especies de activistas -verdes, feministas, animalistas, veganos, lgtb+, ecologistas...-, ocupadas en "luchar" por sus supuestas convicciones particulares, prescinden de una mínima cosmovisión que les permita encontrar un lugar para cada cosa y poner cada cosa en su lugar.
La cuestión radica en que a los intereses oligárquicos que controlan las finanzas y por ende toda la economía del mundo al menos occidental, lo que les interesa es dividir -atomizar- al personal y, paradójicamente, homogeneizar a los movimientos políticos al uso. Todo esto apuntando hacia el fin último que es el total dominio de las mentes de las personas manteniéndolas ocupadas en asuntos que, al final, siempre resultan baladíes por muy bienintencionados que quieran ser.
Y en eso estamos desde que los activistas se pusieron de moda.
Y es que con las modas, no hay manera.
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