martes, 23 de septiembre de 2025

FORMAS DE VER LA LUNA

 

                       

 

  Se podría decir que existen tantas maneras de ver las cosas como personas hay en el mundo. No voy a ir tan lejos. Personalmente, y por lo que respecta a la Luna, se me ocurren al menos tres. La primera es la visión poética, subjetiva, que se asimila al arquetipo femenino, a la mujer idealizada. Luego está la visión física, objetiva, que puede percibirse al menos de dos formas: la forma plana, ese disco luminoso que vemos total o parcialmente cuando tenemos el Sol más o menos a la espalda de nuestro planeta y que es, creo, la manera más común de observar distraídamente su presencia en el cielo. Luego está lo que a mí me sucedió por vez primera cuando tenía unos doce o trece años estando solo, en la azotea de mi hogar paterno. Esta vez la Luna estaba iluminada solo parcialmente pero con el añadido de que el resto de su superficie permanecía en penumbra. Esta circunstancia te inclinaba a apreciar al astro no como una superficie plana sino como una esfera. Una esfera presumiblemente enorme que flotaba en el espacio y que de pronto percibí como algo amenazante. Recuerdo que aquello me impactó de tal forma que me produjo una sensación de vértigo. Estuve un buen rato fascinado con aquella imagen que me atraía y me amedrentaba al mismo tiempo. Recuerdo también que, cuando bajé la escalera y entré en la buhardilla donde dormíamos mi hermano y yo, Jorge me miró y, luego de una pausa, me preguntó: “¿Qué te pasa?”.

 

  A lo que no supe cómo responder.

 

  A partir de ese momento me di cuenta de que todas las cosas se podían ver de, al menos, dos maneras diferentes. La más habitual, la distraída o indolente, y la otra, más interesada, más atenta. Con el tiempo me fui aficionando cada vez más a esta segunda opción, lo cual, paradójicamente, me ha convertido en una persona a la que el resto de los mortales suelen ver como “un tipo que casi siempre está distraído”, alguien que no presta debida atención a lo que sucede a su alrededor o a lo que se está hablando.

 

   Y es que no se puede apreciar el disco mientras uno está viendo la esfera, digo yo.     

martes, 9 de septiembre de 2025

Pequeña historia sin moraleja

    Voy a morir, pensó sorpresivamente mientras iba conduciendo hacia su casa. No tenía una edad demasiado avanzada ni le aquejaba ninguna enfermedad. La idea se cruzó en su mente de forma inopinada, sin una causa aparente que la justificara. No experimentó una reacción emocional de ningún tipo. No entró en pánico. No se sintió preocupado. Sí se sintió extrañado ante el hecho de saber que en algún momento tendría que morir...de ser consciente. 

   Sonó el teléfono, activó el bluetooth. Era su mujer

   - Hola -dijo la voz-, te acuerdas de que cenamos en casa de los Ramis?

   - Sí -respondió-, estoy de camino a casa, supongo que me dará tiempo a ducharme.

   - Sí -dijo ella-, quedé de ir hacia las nueve, más o menos.

   - Vale, sobra tiempo -concluyó.

   Cortó la comunicación. Los Ramis eran unos buenos amigos y seguro pasarían una velada agradable. Me pararé en el super a comprar una botella de vino, ayer vi un Malbec que tenía muy buena pinta, pensó.

   Al final la velada resultó como él esperaba.

Consejo saludable

      Procura siempre hacerte de un pequeño espacio vital que te permita aislarte de tus seres queridos. 

jueves, 4 de septiembre de 2025

LOS ACTIVISTAS

    Activistas, los hay de todos los colores.

   Yo no sé bien cuándo empezó esto de los activistas pero, así como moda, podemos decir que a partir de la mitad del pasado siglo. Antes, en mi lejana juventud, estaban los movimientos o partidos políticos que asumían una postura más o menos pareja  y coherente con su ideología. Era más fácil adherirse o simpatizar con un grupo político organizado. Estabas más o menos de acuerdo con estos y más o menos en desacuerdo con aquellos. Pero entonces, en el afán de incorporar más adeptos a su partido -que no a su causa-, los políticos empezaron a transigir con las propuestas más "populares" de sus adversarios disfrazándolas con matices poco relevantes, pero poniendo mucho énfasis en ellos, con el fin de mantener las "distancias". Así fue que los partidos mantuvieron sus respectivas retóricas mientras iban renunciando cada vez más a sus presuntos "principios".

   Entonces aparecieron los activistas que, como dije antes, los hay de todos los colores. En primer término, podemos distinguir dos perfiles de esta especie: Uno, los que se pueden identificar fácilmente con una tendencia política. Dos, los más ingenuos y distraídos, aquellos que, movidos por factores emocionales y muy poco o nada razonados, se dejan conducir por una prensa y una industria del espectáculo totalmente funcionales a los intereses de una oligarquía supra nacional empeñada en atomizar el pensamiento del personal de  modo que no pueda existir un grupo más o menos homogéneo de personas suficiente para hacer peligrar sus intereses. Así, las casi infinitas sub especies de activistas -verdes, feministas, animalistas, veganos, lgtb+, ecologistas...-, ocupadas en "luchar" por sus supuestas convicciones particulares, prescinden de una mínima  cosmovisión que les permita encontrar un lugar para cada cosa y poner cada cosa en su lugar.

   La cuestión radica en que a los intereses oligárquicos que controlan las finanzas y por ende toda la economía del mundo al menos occidental, lo que les interesa es dividir -atomizar- al personal y, paradójicamente, homogeneizar a los movimientos políticos al uso. Todo esto apuntando hacia el fin último que es el total dominio de las mentes de las personas manteniéndolas ocupadas en asuntos que, al final, siempre resultan baladíes por muy bienintencionados que quieran ser.

   Y en eso estamos desde que los activistas se pusieron de moda.

   Y es que con las modas, no hay manera.