jueves, 20 de febrero de 2025

¿A qué juega la UE?

   Mientras el tablero se empieza a re-configurar con lo que muy probablemente acabe (o si se prefiere, comience) con un reparto de influencias entre EEUU, China y Rusia ocho décadas después de Yalta, la UE insiste en querer ignorar su impotencia frente a cualquier cosa que quieran decidir esos tres colosos, sobre todo si lo hacen de común acuerdo (que es lo que parece que está sucediendo).

  De momento, la UE, en su mayoría, pretende oponerse a la política emprendida por la administración Trump y mantiene  su enfoque absurdamente belicista frente a Rusia sin que esto parezca tener explicación, excepto que la gente del escudo rojo y sus socios habituales, que son los que financian a los actuales dirigentes europeos, aún no hayan renunciado a intentar una caída del Presidente de los EEUU por los medios que haga falta y así retomar el control de la situación como venían haciendo hasta el fin de la anterior Administración.

  Esto, dicho así como al pasar, se me antoja un asunto a tener muy en cuenta dado que estos financieros del Caos nunca han dudado de acudir a cualquier tipo de medida criminal para contrarrestar una  oposición a la consecución de sus intereses que pudiera tener opciones de éxito. 

  Yo pienso que ahora mismo hay dos posturas enfrentadas entre los grandes capitales de Occidente, y estas dos posturas se podrían sintetizar como sigue:

  Una, la de la anterior Administración encabezada por Joe Biden y respaldada por el grupo de la Agenda 2030 y sus poderes financieros, empecinados en imponer y mantener una hegemonía unilateral e imponer al planeta entero la política y los valores "democráticos" de su agrado o necesidad, apoyados en la ilusión provocada por la caída de la URSS y la debacle Rusa de la era Yeltsin y mientras China parecía ser meramente un proveedor low-cost de los capitales occidentales.

  Dos, la postura, a mi modo de ver mucho más realista, de un Trump que parece ver que es imposible ir contra todo el mundo a la vez y está más en la línea de las advertencias de, por ejemplo, los ya difuntos Kissinger o Brzezinsky, sin ir más lejos.    

  De ahí que los europeos, como portavoces y herramienta bien pagada de los primeros, sigan insistiendo en una postura cuyo único objetivo real podría ser mantener una ventana abierta a ver de qué manera se resuelve el tema de cómo bajar a Donald Trump del podio. De ahí también la velocidad que este último le está imprimiendo a la puesta en marcha de su política, cosa que tiene muy preocupados a sus adversarios occidentales.

  Dicho esto, yo pienso que si sus oponentes no consiguen derrumbar al actual Presidente, se verán obligados a ir rectificando de modo que los mandatarios europeos se tengan que ver sustituidos por gente más razonable y ellos ver de qué manera siguen haciendo sus negocios sin tener la totalidad del poder en sus manos.

  En caso de que suceda lo contrario, que Dios nos pille confesados.

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