Según Spengler, cuando una cultura entra en la fase última de su decadencia suele producirse lo que este autor denomina "cesarismo", es decir la aparición de un líder fuerte y autoritario que consigue una recuperación provisional de dicha cultura aunque no puede evitar la caída definitiva que se ha de producir más tarde o más pronto de la misma forma que cualquier otro ciclo vital.
Siguiendo esta línea de pensamiento, podemos inferir que el Sr. Donald Trump viene a representar al "César" de la actual civilización occidental en su intento de revitalizar la hegemonía occidental ahora en una fase de disminución de su poderío en beneficio de otras culturas más que emergentes ya suficientemente consolidadas.
La estrategia del Sr. Trump parece ser más o menos como sigue:
1) Recuperar a EEUU del deterioro interno provocado, en lo económico, principalmente por la desindustrialización y, en lo cultural, por la relajación de los principios morales tradicionales en favor de una cultura "woke" a lo que se suma un exceso de inmigración procedente de una cultura diferente que es otra de las características comunes a toda fase de decadencia según Spengler, cosa que es otro de los asuntos que el Sr. Trump está empeñado en combatir.
2) La otra manera de fortalecer el poderío de EEUU consiste en, de forma prioritaria, consolidar hasta el extremo el control sobre TODO el continente americano y también asegurarse, de una forma u otra, del control de Groenlandia, cosas ambas que le darían una solvencia estratégica, sobre todo en cuanto a control de las rutas marítimas (Canal de Panamá y nueva ruta del Artico) y un importantísimo incremento de acceso a materias primas energéticas en el caso de Groenlandia. Con este control de prácticamente la mitad del mundo ya se asegura lo que podríamos llamar la parte defensiva de su estrategia.
3) En cuanto a la parte ofensiva de su plan geopolítico, el objetivo principal del Sr. Trump es el de contener la expansión comercial de China que, por el momento, viene comiéndole terreno a EEUU de forma notoria. Para ello parece haber un plan bastante evidente que consiste en dificultar la llamada "nueva ruta de la seda" en base a controlar en la mayor medida de lo posible los puntos clave de dicha ruta como son el canal de Panamá, la ruta del Ártico, la creación del canal Ben Gurión, el control de Siria,todo esto en el plano marítimo, y el control de Oriente Medio en el plano terrestre, para lo que cuenta con la inestimable colaboración de Israel al punto de que no se sabe bien quién es el aliado de quién en cuanto a que, pese a que el poderío estrictamente militar lo tiene EEUU, la consistencia ideológica y en última instancia financiera, la tiene el sionismo internacional, principalmente aunque no exclusivamente, de las élites económicas judías (recomiendo acudir a los dos tomos editados de la trilogía de Fco. Fernández-Cruz acerca del sionismo cristiano).
4) Otro punto a tener en cuenta seria el intento de acercamiento a la Rusia del Sr. Putin con el fin de eliminar o al menos minimizar lo que se ha dado en llamar "la pesadilla de Brzezinsky" que consiste en el temor justificado de dicho pensador geopolítico en cuanto a un acercamiento sólido entre Rusia y China. Para ello cuenta con la desconfianza que, pese a la actual colaboración entre esos dos países, tiene raíces históricas ineludibles y que, en medio de una colaboración de momento importante y beneficiosa para ambos, muestra detalles por parte de China de inclinar la balanza de poder en su favor con ejemplos como la negativa de dar su apoyo al gasoducto que Rusia pretendía construir a través de Mongolia o su pretensión de derechos sobre la ruta del Ártico donde no tiene frontera que justifique tales derechos que son claramente Rusos en un inmenso espacio de dicha ruta marítima.
En este sentido habrá que ver cómo maneja el Sr. Putin esta pretensión del Sr. Trump. A mí me parece que, atendiendo a la trayectoria del mandatario ruso hasta la fecha que viene siendo tan sólida como inteligente, va a especular en todo lo posible para aprovechar dicho acercamiento con el fin de equilibrar su relación con China pero sin caer en la ingenuidad de inclinarse a un Occidente que no ha hecho otra cosa que intentar balcanizar y controlar el llamado "corazón de la tierra" (Heartland) durante más de un siglo de forma explícita. En cualquier caso, Rusia a salido relativamente fortalecida de una guerra que no quería, y digo relativamente porque una guerra a nadie viene demasiado bien, y se reafirma como una tercera potencia mundial ahora más cercana a las otras dos en cuanto a su peso en el orden internacional.
Desde luego queda mucho por ver aunque de momento el peligro de una confrontación militar entre EEUU y cualquiera de sus oponentes orientales parece quedar suspendido hasta nuevo aviso dado que la batalla se va a centrar en el plano económico y, presumiblemente, cada bloque intentará hacerse fuerte en su propia zona de influencia negociando un reparto de poder semejante a lo que sucedió en Yalta al final de la segunda guerra mundial. Mientras tanto otros actores de momento secundarios como India y Turquía e incluso Irán se van preparando para disputar su parte del pastel jugando cada uno su propia partida en un tablero donde el poder parece que va a estar bastante repartido en una especie de retorno actualizado al tiempo del tratado de Westfalia del siglo XVII que consolidó un orden multipolar de larga duración.
Entretanto Europa aparece como el gran perdedor mientras que, incomprensiblemente, parece querer continuar con su política de enfrentamiento a Rusia cuando ya no cuenta con el beneplácito de los EEUU de Trump y, seguramente, irá perdiendo el apoyo de las corporaciones neo-liberales que son quienes le han impulsado a una estrategia suicida y carente de cualquier conveniencia de cualquier tipo como ha sido, y aún es, esta actitud ridículamente belicista que la viene llevando a una decadencia acelerada en todos los aspectos, lo político, lo económico, lo social y, lo que es peor o más profundo, lo cultural.
Palma, 16/02/2025
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