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lunes, 7 de enero de 2013
Como dijo Kim
Esta mañana, mientras desayunaba yo en el bar con un ejemplar del diario ABC bajo mis gafas, alguien, sin intención de ofender, al pasar junto a mi mesa, se refirió a mi ocasional lectura con dulce sarcasmo
Lo mismo podría haber sucedido, otro día cualquiera, leyendo yo algo de otro color, digamos opuesto, con otro conocido cualquiera de esos que cumplen con el que Wilde definió como el primer deber del hombre. Deber que "consiste en adoptar una pose"
Por tanto, me apresuro a aclarar, la siguiente "respuesta" no es nada personal. Es únicamente una reflexión importante provocada por un incidente sin importancia:
El autor (cuyo nombre ahora no recuerdo) de una biografía del célebre agente doble Kim Phillby nos proponía a modo de epígrafe una cita de Kipling extraída de su novela "Kim" en la que el personaje titular agradecía a Alá el haberle dado una mente con dos culturas diferentes, casi opuestas
Más modestamente, a mi casa paterna llegaban con la más absoluta regularidad la revista Unión Soviética y las Selecciones del Reader's Digest, lo cual es apenas una metáfora del tipo de educación familiar que me fue dada de forma aparentemente distraída y ausente de cualquier énfasis
Así, con la naturalidad de las cosas aprehendidas durante la infancia y la primera juventud, me acostumbré a considerar todos los puntos de vista y me resigné a no esperar nada definitivo de ninguno de ellos
Así que, como entonces hizo Kim, agradezco aquí a mis padres y a Alá (que es Grande), el haberme evitado caer en la más peligrosa de las infinitas formas bajo la que se nos presenta la ignorancia. Aquella por la que optan las personas a las que Borges denomina "lectores de un solo libro" y que consiste en una ilustración férreamente parcializada a base de creencias, deseos y temores previos
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