miércoles, 7 de febrero de 2024

Para que quede claro

 Ante la confusión de algunos amigos y conocidos que, como le sucede, por ejemplo, a personas mucho más relevantes que yo (el ex diplomático Zorrilla, el coronel Baños, etc.), me perciben como pro ruso, conviene explicar de la mejor manera posible mi postura ante los acontecimientos que ocupan la actualidad geopolítica.

 En primer lugar debo señalar que pertenezco a la cultura occidental judeo-cristiana y que me he nutrido principalmente de la literatura, la música y el cine anglosajones con su importantísima participación de la colectividad judía, cosa que agradezco infinitamente.

Dicho lo que precede, me gustaría que nuestro mundo occidental mantuviera los valores que nos trajeron (con aciertos y errores) adonde estábamos hasta hace muy poco y que dichos valores fueran respetados y defendidos cada vez más por los poderes que nos dirigen y administran.

 Lamentablemente no es esto lo que viene sucediendo, sobre todo desde que EEUU se impuso en lo que se denominó "la guerra fría", momento a partir del cual los poderes anglosajones decidieron pecar de una injustificada y peligrosísima arrogancia entendiendo que, porque habían "prevalecido", en textuales palabras del presidente Bush Sr., tenían el derecho y el deber de imponer a un vasto mundo claramente ajeno a nuestra cultura y a nuestras tradiciones, los valores democrático republicanos apoyados en una supuesta ventaja moral, económica y militar que, como se viene demostrando últimamente no se cumple ni en lo uno, ni en lo otro ni en lo otro. Conviene aclarar el apartado moral porque no basta con predicar algo con lo que no se cumple en la práctica.

 El caso es que, mientras nos dormíamos en los laureles renunciando a repasar la historia y también de escuchar a nuestros más lúcidos analistas geopolíticos (Henry Kissinger, sin ir más lejos) decidimos creer que podíamos, impunemente, ahogar a Rusia y aprovecharnos de la mano obra barata china sin que estas dos potencias históricas fueran a reaccionar en algún momento. Pues bien, resulta que hace unos pocos años ese momento ha llegado y la reacción ha sido tan rápida como eficaz en ambos casos. Y ahora estamos donde estamos, viendo como el único poder que nos queda es la fuerza bruta mientras el poder económico se va desplazando rápidamente hacia el Este, donde la economía crece sin parar y las materias primas abundan. Esto sin contar con el poder bélico combinado de Rusia y China.

 Bajo este panorama, al poder anglosajón no se le ocurre otra cosa que provocar y favorecer la mayor cantidad de guerras posibles y realizar el inútil intento de intimidar a sus adversarios involucrando a una Europa lamentable y ciegamente obediente que es quien viene pagando las facturas de esa costosísima política en base a un endeudamiento y un deterioro económico y moral tan triste como incomprensible y poniendo al mundo al borde de una monumental catástrofe nuclear o no nuclear.

 La pregunta entonces sería: ¿Qué debería hacer o haber hecho Occidente para evitar esta peligrosísima situación?      

Solo hay una respuesta: Aceptar un nuevo orden donde los distintos actores compitieran en términos comerciales y de producción en el que EEUU dejaría de ser la única potencia hegemónica y se abocara a mantenerse entre los principales líderes con sus también importantísimos recursos y su todavía innegable capacidad de liderazgo apoyando y apoyándose en sus  aliados más cercanos y naturales en lugar de desangrarlos como viene haciendo desde hace un tiempo ya demasiado largo. 

 Pero esto, siento decirlo, no creo que vaya a suceder mientras nuestros líderes continúen con su estrategia cortoplacista y los ciudadanos estemos distraídos y felices gastando un dinero a cuenta de la perdición de nuestros nietos, joder.  

   

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