Esta vez el Anticristo se llama Putin. Antes lo fueron Sadam y Milosevic (por ejemplos). Siguiendo con la peor censura que ha vivido la humanidad, que es ésta de ahora donde el censor es la estúpida masa, cualquier matiz que se quiera introducir en la discusión sobre esta guerra de ahora te hace automáticamente culpable de ser "pro Putin". Para el que quiera enterarse de mis reflexiones anteriores acerca de los peligros de este nuevo orden, este regreso a Westfalia (cuando nadie parecía estar preocupado u ocupado en estos temas y con "nadie" me refiero a mis pocos lectores), no hace falta otra cosa que acudir a dos entradas muy anteriores a ésta y que figuran en el apartado "política" bajo los títulos de "Rusos e ilusos" y "Chinos y Rusos".
Resulta que el mundo, acabada la guerra fría, se está reconfigurando y los distintos actores pugnan por acceder a, o bien mantener, una posición de la mayor fuerza posible dentro de este nuevo escenario .Mi amigo R.R., como la inmensa mayoría de los occidentales judeo-cristiano, entiende que es mejor que el mayor poder esté en manos de U.S.A. y el resto de Occidente. El argumento teórico se basa en los valores democráticos y liberales de esta facción. El otro argumento, que no conviene explicitar pero que tiene igual o mayor peso, es que nosotros vivimos dentro de este bando y, por lo tanto, nos conviene que el poder mayor esté de este lado. Ambos argumentos son atendibles por mucho que yo sospeche de la consistencia de aquellos valores y que no me base en lo que a mí me conviene para analizar cualquier asunto. Pero la cuestión es que yo no estoy discutiendo eso sino más bien la conveniencia o inconveniencia de estirar la cuerda hasta correr el peligro de que esta cuerda se rompa, como parece ser el caso que ahora nos atañe.
Ya Winston Churchill, entre otros, advirtió que las feroces (y digo feroces y no inmerecidas) sanciones que se impusieron a Alemania al acabar la primera guerra mundial no era en absoluto la mejor manera de asegurar la paz futura en Europa. Ahora, como digo en la anterior entrada, H. Kissinger viene diciendo tres cuartos de lo mismo en lo que se refiere a acorralar a una Rusia que, por muy tocada que esté, tiene detrás de sí una historia y una cultura que no aceptan fácilmente la sumisión. Y un poder nuclear, claro.
No es conveniente, una vez que has ganado la pelea, digo, abusar de tu status de vencedor salvo que acabes definitivamente con el rival, cosa que no parece posible ahora mismo. Si no le dejas otro camino, va a pelear hasta donde sea, digo yo.
En fin, no sé cómo va a acabar todo esto pero creo que hay mucha gente posicionándose claramente a favor de una intervención en esta guerra que va a lamentar más rápido que inmediatamente después de conseguir su inopinado objetivo.
Quiero decir que esto se parece más a Versalles que a Munich, y no sé si hay tiempo para rectificar.
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