EL HOMBRE INMEDIATO
(por Nelson Huertas)
(por Nelson Huertas)
Las cosas pasan cada vez más rápido.
Es como si el humano devenir estuviera regido por un movimiento uniformemente acelerado.
Esta sensación de vértigo da miedo.
El tipo siente todo el tiempo como que se va a perder algo.
Como que si no se da prisa se va a quedar fuera.
Como que el tren pasa y no vuelve...
Y en parte tiene razón.
Por eso se vuelve inmediato
(aquí te pillo, aquí te mato).
Lo quiere todo y lo quiere ya.
No puede esperar.
Antes, el tipo araba la tierra, plantaba la semilla, regaba, esperaba un tiempo, recogía la cosecha y, recién ahí, se la comía.
Ahora va al Hiper y compra el plato congelado, lo pone en el micro-ondas tres minutos y da cuenta de él más rápido que inmediatamente mientras mira el tele-diario, como decíamos antes, para no perderse nada.
Pero, para no perderse nada ¿de qué?
¿Qué es lo que no se quiere perder?
Yo se lo digo:
Lo que el tipo no se quiere perder es la felicidad.
El tipo aspira a la felicidad, y tiene todo el derecho.
El deber, diría un famoso escritor.
El deber de aspirar a la felicidad.
Y cree que la felicidad viaja en el tren que ahora mismo está pasando.
Y cree que el tren no volverá a pasar por aquí.
Nunca más.
Eso es lo que cree.
Y ahí es donde se equivoca.
No porque el tren vaya a volver a pasar por aquí; seguro que ese tren no vuelve a pasar nunca más.
Se equivoca porque la felicidad no viaja.
Por eso,
Porque la felicidad está sentada en el banco de la estación mirando pasar los trenes.
Disfrutando de mirar pasar los trenes
Con su carga de misterio
Con su estela de adioses.
Y si un día viaja es porque tiene que ir a una boda en Zaragoza o le encargaron un trabajo en Santander.
Entonces lo que hace, la felicidad, es mirar desde el tren como pasan las estaciones, y lo mismo se entretiene de esta manera que de la otra.
Y, sí, es cierto, la verdad es que el tren no vuelve a pasar otra vez por aquí.
Pero el caso es que la felicidad no va en el tren.
Asi que el tipo moderno, el inmediato, se toma siempre el último tren y se deja a la felicidad en la estación.
A la felicidad no le importa porque se basta a sí misma para ser feliz y no necesita del tipo para nada.
La felicidad piensa que el tipo, el moderno, el inmediato, está un poco acelerado y que no le iría mal un masaje con líquido de frenos.
Pero no dice nada, porque si lo hiciera ya no sería la felicidad
Así que la felicidad se vuelve a su casa dando un rodeo por el parque mientras el tipo, el moderno, ha llegado corriendo al gimnasio, se ha subido a la bicicleta estática y ahí está, pedaleando como un loco, ansioso, casi desesperado por alcanzar ese sitio del que nunca ha salido y al que, como es lógico, no podrá llegar jamás
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Se pone usted muy "psicoanalítico" en esta indagación suya de las tipologias humanas. Me han interesado sus observaciones sobre la felicidad y la inmediatez. Voy a plantearle algo que me ha sugerido su relato. Siento que este hombre infez que describe es un tipo asustado, que está en permanente huída.
ResponderEliminarAhora me dirá que no comprende a que viene mi comentario, en fin, quizá es que usted quiere comprenderlo toda la cosa. Le mando un saludos
Agradezco su amable comentario.
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