viernes, 25 de noviembre de 2011

Inconsecuencias de la crisis

Hoy sale en El País una nota sobre el señor Howard Gardner, psicólogo y prolífico escritor
Este señor ha establecido que poseemos siete inteligencias diferentes (primero eran ocho pero luego se arrepintió de una, parece)
Estas inteligencias funcionan, según el señor Gardner, de forma más o menos independiente para luego colaborar entre sí con el fin de "resolver problemas y crear productos útiles"
Taambién establece que necesitamos de todas ellas (menos de la que octava, que quitó del catálogo) pero que cada uno de nosotros tiene unas más desarrolladas que otras y viceversa
El señor entiende que el sistema educativo tiene que trabajar sobre las siete inteligencias que permanecen en lugar de centrarse (como el señor entiende que se hace ahora) en los dos tipos de inteligencia que sirven para trababar con números y para manejar letras y palabras y frases
Las otras inteligencias sirven para
        Bailar, esculpir, actuar, operar quirúrgicamente, practicar deportes
        Meditar, conservar la compostura
        Superar problemas, trabajar con personas
        Practicar artes musicales
        Hacerse el artista o el fotógrafo

Ahora bien, yo digo:

Cualquiera que haya visto jugar al fútbol a Maradona y también le haya oído hablar tiene que haber llegado a la conclusión de que se puede tener una gran inteligencia para algunas cosas y ninguna para otras cosas

Cualquiera que haya ido al colegio y tenga hijos en edad escolar habrá notado que, además de que siempre  se han promocionado más o menos las inteligencias menos imprescindibles o prioritarias, hace ya muchos años que se vienen descuidando con gran eficacia aquellas dos a las que el señor Gardner acusa de acaparadoras de la atención docente y sin las cuales no se puede funcionar mínimamente en el mundo de los adultos
Da la impresión de que Howard ha llegado un poco tarde a la fiesta
Pero parece que la actual crisis económica, con todos los males que trae aparejados, no consigue, como cabría esperar, compensar mínimamente dichos males con una reducción significativa de las preocupaciones baladíes de los inteligentes de turno, como el amigo Howard,  y de sus nefastas consecuencias
Así, en el día de ayer, otro fenómeno (ahora de algún estamento del Gobierno) anunciaba por televisión la inminente sustitución de las penas de cárcel para los conductores ebrios que causen lesiones o muerte a otros ciudadanos por un programa de desintoxicación y reeducación, etc.

Por lo visto, no parece que vayamos a retomar el sentido común hasta que la mierda nos tape por completo

Es lo que hay.

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