En su columna de una revista semanal, el amigo Trapiello se hace un lío con la actual crisis económica y la parábola del hijo pródigo y los corderos.
Trapiello parece querer decir que el hijo pródigo en este caso el Pueblo español) no tiene la culpa de encontrarse en la indigencia.
Que sólo ha querido vivir dignamente (sic).
Que la culpa la tiene el gobierno.
.
A Trapiello no le gusta que los alemanes nos impongan sus condiciones.
Preferiría que los alemanes repartieran sus corderos con nosotros, sin cargo, creo entender.
Parece uruguayo, Trapiello.
Yo no aprecio a los alemanes, así, como género.
Más bien estoy con Stalin en que lo mejor hubiera sido exterminarlos a todos o, como mínimo, mantenerrlos esclavos el resto de sus vidas.
Porque siempre han sido unos cabrones y siempre lo serán, me parece a mí
(lo mismo que a Stalin).
Pero los corderos son suyos.
Así que, moraleja: Si no quieres que los alemanes te hagan pagar por los corderos no te hagas el hijo pródigo...¡boludo!
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