Dice mi amigo R.R. que mis profecías en materia de geopolítica y temas aledaños le recuerdan aquello del reloj sin cuerda que, engañosamente, da la hora exacta dos veces al día
Creo recordar que esto comenzó cuando, durante alguna de esas discusiones deportivas que solemos mantener R.R. y yo, se me ocurrió anunciar que, al finalizar la llamada Guerra Fría, se empezaría a preparar una nueva confrontación a gran escala y que los diferentes actores se irían agrupando en dos bandos principales: Oriente y Occidente. Que, básicamente, rusos y chinos irían mitigando sus diferencias hasta formar un frente común en oposición al ya consolidado frente occidental.
No hace falta ser un profeta para intuir más o menos por donde irán los tiros mientras los contendientes crean estar en posesión de la verdad, la única verdad.
Ahora bien, lo más divertido del asunto (si no fuera patético) es lo que yo creo que va a suceder si antes no conseguimos destruir la civilización. Lo que yo creo que va a suceder es que la uniformemente acelerada evolución de la ciencia y de la tecnología, si antes no nos destruye, será lo que dictará las normas del futuro orden mundial y espero (ojalá) que dicha evolución nos haga darnos cuenta de que es mejor cooperar que enfrentarse. Si esto sucede no será porque algún preclaro líder o filósofo o lo que sea se ilumine e ilumine a los demás, será, como siempre en la Historia, porque las condiciones estarán dadas para ello. Porque enfrentarse no resultará rentable, en suma.
Obviamente, no hago más que repetirme, aunque hoy en clave un tanto optimista, claro.
Me alegro de tu vuelta
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