viernes, 12 de agosto de 2016

El sueño de los otros (7)

                                                                        (/) 

                                                    UN TIPO RESPONSABLE                                                       

 Brandoni, Sandro: el tipo tenía más o menos mi edad. Había empezado como vendedor después de haber sido expulsado de varios colegios y de pasar una temporada yendo de aquí para allá. Era listo. Era listo cantidad. En poco tiempo se hizo con una zona y en otro poco tiempo se hizo con la distribución para todo el país. El génerp venía de USA y se trataba de productos para añadir a la gasolina, el aceite del coche, etc. con el supuesto de que debían mejorar el rendimiento. Vino la tablita y el hombre compraba con dólares baratos y vendía con pesos caros. La cosa iba de maravilla.

 Se acercaba el momento en que yo tendría que poner en marcha el sistema de facturación y contabilidad y en que habría que empezar a pensar en conseguir otro trabajo.

 - Vea -le dije- esto está casi listo y va a funcionar bien. Pero esto lo que hace es facilitar y acelerar el trabajo y evitar muchos errores. Ahora bien, si me permite una opinión le diré que aquí falta un poco o bastante organización y que la computadora no puede solucionar estas cosas....
 - ...
 - ...
 - ...
 - Bien, queda dicho. Ahora necesito que me diga quién va a operar la máquina para que yo le explique cómo funciona.
 - Ni puta idea, ¿usted conoce a alguien?
 - No, pero puedo averiguar.
 - Bueno, averigüe.
 - OK, ya le aviso cuando tenga algún candidato.
 - Bien.

  Unos días más tarde Gerardo me envió una chica que tenía experiencia como operadora de ese modelo de máquina. Se la presenté a Brandoni y enseguida se pusieron de acuerdo. Ese mismo día le expliqué en qué consistía el trabajo y lo pilló de primera.
 Cuando le chica se retiró, Brandoni me invitó a tomar un café en el bar que estaba enfrente de la oficina.

 - Vea, che, estuve pensando en lo que me dijo el otro día.
 - Ahá -solté yo, cautelosamente.
 - Usted cree que puede ocuparse de organizar la administración?
 - Puedo.
 - Y, ¿cómo lo haría?
 - Me deja hurgar un poco en el asunto y luego le presento un plan.
 - Bien, me parece bien, ¿qué necesita?
  - Nada, que me deje hablar con la gente y enterarme de qué hacen y cómo lo hacen.
 - Hecho, ¿cuándo empieza?
 - El jueves.
 - ¿Por qué no mañana?
 - Mañana no trabajo.
 - ¿No trabaja los miércoles?
 - Bueno, hay días en los que no trabajo, esta vez cayó en miércoles.
 - Ya...
 - El jueves, entonces. Habría que avisarle a la gente para que colaboren en lo que puedan.
 - Hecho...el jueves.

 El otro tipo se llamaba Andrés. Era un tipo bajito y había empezado junto con Brandoni. Juntos habían planeado hacerse con la distribución para todo el país y juntos habían dado los primeros pasos. Pero al final Brandoni se las arregló para que la empresa fuera unipersonal y el otro pasó a quedar como gerente de ventas y segundo de a bordo.
 Después de pasearme una semana haciendo como que me interesaba mucho en todos los detalles, presenté mi plan. Lo primero era un organigrama encabezado por Brandoni. El segundo nivel lo ocupaban Andrés, como gerente de ventas, y un elemento a contratar, como gerente administrativo.
 Los demás seguían cumpliendo las mismas funciones con algunas variantes de menor importancia.
 Luego venía una larga explicación acerca de lo que significaba el nuevo cargo. Este personaje aportaría una información que permitiría analizar el rendimiento y la evolución de cada zona, de cada vendedor, de cada producto, realizar un análisis financiero preclaro, gestionar un control de stock y previsión de compras permanente, etc. Lo que no decía era que toda esa información la iba a aportar la computadora y que no habría más que echarle una ojeada a los informes automatizados para hacerse una idea muy clara de la situación. Pero esto ellos no lo habían pedido ni lo sabían.
 Brandoni leyó el informe en mi presencia. Se tomó su tiempo. Lo leyó dos o tres veces.

 - Está bien -dijo, por fin- ¿qué le debo?
 - Nada - respondí- digamos que está incluido en el precio de la programación.
 - ...
 - Con la facturación pueden empezar cuando quieran. Avíseme porque quiero estar los dos o tres primeros días por lo que pueda pasar.
 - Y, ¿ qué puede pasar?
 - Nada, pero mejor asegurarse, digo yo.
 - Bien, por mí empezamos mañana.
 - Mañana no trabajo.
 - Mañana no es miércoles...
 - No, esta vez cayó en viernes.
 - Bueno, entonces lo dejamos para el martes, porque el lunes no vengo yo.
 - El martes, entonces.
 - El martes.

El martes pusimos la cosa en marcha y todo fue de maravilla.
Sandro (me dijo que le llamara Sandro) me invitó a otro café en el bar de enfrente.

 - Vea, che, parece que va todo bien, ¿no?
 - Parece.
 - ...
 - ...
 - El gerente ése que pone ahí en el organigrama...¿usted se anima?
 - ... -fingí dudar.
 - ...
 - Hombre, como poder, puedo...
 - ¿Entonces?
 - No sé...no se me había ocurrido -mentí.
 - Bueno, piénseselo y si le interesa dígame un número.
 - Ya, de acuerdo, me lo pienso y le digo algo.

Tres días más tarde fui y le solté la cifra.

- .........Esto es mucha guita, che.
 - Bueno -respondí, comprensivo- lo entiendo. Lo que pasa es que es más o menos lo que yo saco ahora yendo por mi cuenta.
- ......Ya.....y ¿qué pasaría con esos días de la semana en los que no trabaja?
- Bueno, supongo que tendría que conformarme con los fines de semana...no estoy tan loco.
- Ya....
- ....
- Bueno, ¿ cuando empieza?
- No sé, tengo que terminar un par de trabajos -mentí otra vez-, el jueves de la semana que viene es primero de mes, si le parece bien.
- Bien, el jueves.

 Se habían acabado las vacaciones, pero yo tenía que devolver el dinero ajeno que había invertido como tipo duro de Broadway.
 Soy un tipo honesto, pensé mientras regresaba andando a mi apartamento. Valiente y honesto. Corro riesgos, pago mis deudas, asumo mis responsabilidades...

 Entré en mi apartamento, estaba Juli escuchando un disco de Chick Corea.

- ¿Qué tal, todo bien?
- Sí, todo bien. Soy un tipo honesto. Honesto y responsable....

Juli se sirvió un J&B y puso otro vaso sobre la mesa.

 - ¿Con hielo?
 - No, da igual...

Lo bueno con Juli era que no hacía falta explicar nada.

 

sábado, 6 de agosto de 2016

El sueño de los otros (5)


                                                                         (5)



Todo empezó, por lo que a mí respecta, en la cocina de mi apartamento. Yo me había cambiado a otro habitáculo de la misma planta que tenía la cocina aparte y, ese día, al regresar del trabajo me encontré con la versión material de uno de mis sueños recurrentes. Mabel (así resultó que se llamaba) estaba preparando un pollo al curry. Llevaba, por toda indumentaria, tacones de aguja, medias con costura y un gracioso delantal. Hola -dijo, acompañando las palabras con una deliciosa sonrisa- Javier me abrió la puerta...los demás están en su apartamento. Los demás eran Javier, Charly (el otro tripulante de Aerolíneas Argentinas que vivía un piso más arriba que Javier Cantlon y yo) y las otras dos chicas que ambos habían reclutado para la ocasión. Así empezó la semana.
 Javier y Charly no volaban en los próximos seis días y habían decidido que yo ponía la cocina, Javier la música y las bebidas y Charly el popper, la maría y lo que hiciera falta para animar la fiesta. La provisión de chicas se la repartirían entre ambos.
 Una de las otras chicas se fue esa misma noche, Mabel desaparecíó al tercer día. Unas se iban y otras llegaban, pero siempre habían tres.

 Fue una semana de lo más intensa en lo que se refiere a sexo, J&B y música de la buena (Johnny Hartman con Coltrane, Ella, Hancock, Benson, Sinatra, Joe Farrell, etc.). De lo otro yo probaba poco porque, como solía decir Cantlon, éste no tiene problemas para subir, más bien tiene problemas para bajar, lo que venía a significar que, cuando él o Juli o Charly estaban colocados y yo no, era el momento en que mejor conectábamos todos.
Mi idea de escribir un guión en mis horas de ocio con el fin de intentar hacer una película en serio pasó de golpe a un segundo plano. Desde que había llegado a la Gran Ciudad ya había dejado, imprevisiblemente para mí, dos cosas: la coca-cola y mi supuesta vocación artística.

  El sábado Javier y Charly levantaron vuelo y aterrizó Juli que acababa de romper una vez más con una de las dos mujeres que lo cobijaban alternativamente. Juli reparó en el par de pechos que dormían en mi cama y preguntó:
¿La conozco?
No -respondí- en realidad yo tampoco la conozco
Ah -dijo Juli, y se sirvió una buena dosis de J&B sin hielo ni nada- ¿cómo va el guión?
No va -respondí- la verdad es que no sé por qué creo que tengo la obligación de hacer algo trascendente.
Es el sueño de los otros -dijo Juli-, alguien, un padre, una madre, la gente, sueñan con viajar, con ser artistas, con el sexo promiscuo... pero no se atreven. Nosotros captamos la tristeza y nos ponemos a la tarea de cumplir sus sueños, nos vamos a vivir a otros países, nos follamos todo lo que podemos y un poco más, vivimos de noche y decidimos ser artistas. Lo que pasa es que esto último requiere una buena dosis de disciplina o de desesperación. Disciplina, cero, y desesperación no parece que tengamos la suficiente...el alcohol y el sexo la mitigan bastante, y en todo caso no somos Bukowsky...

 Después se sirvió otro trago y uno más para mí
                                                                 luego, el silencio duró más que la botella.....