miércoles, 21 de enero de 2015

Poder y no poder

Hace poco pasé unos días en Dinamarca con mi mujer donde fui gentilmente atendido por mi amigo de la juventud, D.A.
D es nacido en Uruguay y hace casi medio siglo que reside en Dinamarca.
Cuando D. emigró a Dinamarca en Uruguay estaba de moda ser de izquierdas.
D se declaraba anarquista (digamos que era una anarquista inofensivo, denominación aplicada por Borges a su propia persona), sospecho que, más que nada, para que quedara bien claro que no era comunista.
Ahora mismo, D se declara socialista (cuidando que quede claro que no es comunista). Casi medio siglo de Dinamarca han llevado a D a profesar ese socialismo que los nórdicos han practicado durante ese casi medio siglo y que ahora parece que ha dejado de funcionar.
D sigue creyendo que el personal de a pie tiene el poder de cambiar las cosas y, por tanto, también sigue creyendo  que dicho personal puede hacer que las cosas vuelvan a su cauce (en Dinamarca)
D es una persona bien intencionada y el hecho de que Dinamarca esté catalogado como el país con más bajo nivel de corrupción política además de disponer de un personal de a pie con un cierto nivel de implicación en las cuestiones administrativas del Estado justifican en cierta medida su optimismo.
El problema con el optimismo de D radica, para mí, en la profundidad de sus análisis. A D le preocupa (o le ocupa, mejor) que sus diputados, ministros, funcionarios, etc. no se paguen el café con leche del desayuno o la puta de los viernes a media tarde (por poner unos ejemplos cualesquiera) con el dinero de los ciudadanos. Y a mí me parece bien. Incluso estoy dispuesto a creer que el ciudadano de a pie (el ciudadano danés de a pie) pueda tener una incidencia en el control de ese tipo de corruptelas menores. Lo que no se me ocurre de qué manera va a poder controlar mi amigo D y sus conciudadanos son las macro decisiones que puedan tomar sus gobernantes cuando éstas, como ya ha sucedido con los resultados  que ahora preocupan a D, vengan dictadas por el poder verdadero.
El poder verdadero, en el mundo occidental y cristiano, está manejado por un grupo de bancos, mayormente judíos, que manejan, a su vez, las políticas económicas de U.S.A. y demás países de occidente y que participan de y/o financian a las industrias más importantes del mundo occidental tales como el petróleo, el acero, la industria armamentística, la industria espacial, la industria alimenticia, etc., así como se ocupan de blanquear del dinero del tráfico ilegal de armas y de drogas.
Hay un banco en Suiza (BPI) que se ocupa de financiar casi exclusivamente a bancos centrales de los diferentes países y que está participado por unos cuantos banqueros privados (Morgan, Rotschild, Warburg, etc.)
La Reserva Federal está participada en un 20% por el Estado americano y en un 80% por cuatro bancos privados ¡y puede emitir moneda! además de determinar las subidas y bajadas de los intereses y a qué empresas o sectores va a rescatar de la quiebra, etc.- Los cuatro bancos que integran la Reserva Federal también integran, junto con otros, el BPI.

Antes de terminar esta peregrina reflexión me gustaría aclarar que no tengo nada en contra de los judíos, a quienes admiro y a quienes considero un raza superior si tenemos en cuenta la proporción de logros en la economía, en la industria del arte, en la aportación al pensamiento en general, etc. con relación a su pequeña participación demográfica.
Por otra parte, también quiero dejar claro que no tengo para proponer ninguna alternativa mejor ante el actual estado de cosas que he intentado esbozar aquí.
Lo que quiero decir es que el ciudadano de a pie ha hecho, hace y hará lo que se le mande hacer en cada momento. Ya lo he dicho antes y lo repito ahora. No me canso de repetirlo.
Y lo hará porque es lo que le resulta más cómodo.
El tipo es cómodo por naturaleza y por vocación.

Con el tipo no hay manera, vea.

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