lunes, 13 de mayo de 2013

Tiger y mi amigo Horacio

A Horacio, un amigo de Montevideo de toda la vida, siempre le ha gustado hacer un uso inopinadamente participativo del plural
Así, por ejemplo, una vez que yo flirteaba con la entonces reina en funciones de la playa Pocitos, me cogió del brazo y me espetó:
"Nene, esa no la podemos perder..."
En otra ocasión, cuando yo ya vivía en Buenos Aires, en uno de mis habituales saltos a Montevideo, me fue a buscar al Aeropuerto de Carrasco en su coche. Mientras nos dirigíamos hacia el centro por la rambla (que aquí le llaman paseo marítimo), sin dejar de mirar hacia el frente, con el ceño fruncido y los labios apretados, me soltó:
"Nene, ¿viste que se murió el hombre...?"
Se refería a que, el día anterior, había fallecido Steve McQueen
Yo le respondí con un gesto de asentimiento y, entonces, vino el remate:
"Ese era de los nuestros..."

Anoche, a la una de la noche, al final de un torneo muy disputado en el que Sergio Garcia pudo ganar pero no ganó y en el que Tiger Woods pudo ganar y ganó, me empecé a reir solo recordando a mi amigo Horacio quien, cada vez que Nestor Iroldi ganaba un campeonato de pelota, cada vez que Pelé hacía otro gol, cada vez que Alí tumbaba a un nuevo rival, etc., etc., te dejaba caer la otra frase lapidaria:

                                      "No hay caso, che, siempre somos los mismos"

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