(4)
JAVIER
Las Cañitas no era lo que parece que es ahora, y los apartamentos del edificio eran todos como el mío, creo que ya lo dije: ínfimos.
El tipo vivía en la misma planta que yo y era más o menos amigo de Juli. Más adelante me enteré de que era tripulante de Aerolíneas Argentinas y se llamaba Javier Cantlon. Entró en mi apartamento con su propia llave y dejó en el suelo, junto a la puerta, una caja de cartón. Me miró con cierta desconfianza y luego me preguntó por Juli. Le dije que no estaba y que yo me había hecho cargo del apartamento. Salió y cerró la puerta. La caja se quedó allí.
Un par de días más tarde, al entrar en el apartamento, noté que la caja no estaba. Al rato apareció el tipo. Esta vez tuvo la delicadeza de tocar el timbre. La delicadeza acabó enseguida cuando me preguntó:
- ¿Vos agarraste un reloj de la caja?
Me lo quedé mirando un momento largo. Luego cerré la puerta.
El timbre volvió a sonar. Abrí la puerta.
- Te invito a un whisky -me soltó.
A continuación giró sobre sus talones y se dirigió a su apartamento.
- ¿Con hielo? -preguntó.
- Sí, bastante.
Tenía un equipo Marantz con unos altavoces cuyas cajas parecían ocupar la mitad del apartamento. Puso un disco de Billie Holliday de la época final. El disco era viejo y la calidad del equipo resaltaba el deterioro. El deterioro del disco iba a juego con la voz de Billie que ya estaba muy cascada, lo que,curiosamente favorecía el resultado final. Sobretodo si uno se encontraba en esa etapa en la que todavía te fascina un poco el toque autodestructivo.
Me dio la impresión de que a Javier le fascinaba cantidad.
Bebimos en silencio hasta que acabó el disco. Tres copas cada uno, las mías con mucho hielo, mientras Javier me estudiaba.
Finalmente, cuando se hizo el silencio, dijo:
- Puede que haya contado mal...
- Seguro -dije yo.
- Ya -dijo él.
- .....
- .....
- .....
- ¿Te importa si de vez en cuando dejo algo en tu apartamento?, tendría que conservar la llave, claro...
- Siempre que cuentes bien, no hay problema.
Juli me había contado que Javier traía cosas de EEUU y que, por lo que pudiera pasar, las dejaba un par de días en el que ahora era mi apartamento. También me dijo que el tipo estaba bastante loco, pero que era de fiar.
Luego de un par de copas más y algo de Miles Davis me levanté para irme. Javier revolvió un poco en un bolso de mano y sacó unos ateojos Ray Ban, fotocromáticos, con intención de dármelos.
- Gracias -lo atajé-, con el whisky y la música ya está bien.
Se quedó un momento mirándome fijo y luego volvió a guardar los anteojos en su sitio.
Cuando crucé la puerta ya éramos todo lo amigos que podían llegar a ser dos tipos como Javier y yo en aquellas circunstancias.
Aparte de su trabajo como tripulante, Javier sólo tenía dos ocupaciones: la bebida y las mujeres. Javier era la viva demostración de que para hacer muchas conquistas basta con que lo intentes con todas las mujeres que se te crucen por delante. Era razonablemente apuesto, vestía razonablemente bien y tenía un sentido del humor bastante negro pero ingenioso. Solo que con esos mismo atributos había infinidad de tipos que no se comían una rosca.
No era el caso de Javier.
Javier siempre tenía un chica a mano y, en ocasiones, tenía más de una. Entonces tocaba a mi timbre y me decia:
- Necesito ayuda, a estas dos no les van los tríos.
Se podía permitir ser espléndido sin ser siquiera generoso.
Como no conseguía clasificarme, había decidido que yo era una especie de genio. Supongo que para satisfacer su ego, que era bastante importante, tenía que atribuirme una importancia de similar calibre antes de darme un lugar de privilegio en su existencia.
Conclusión: tuve que aumentar las provisiones de J&B.
La coca-cola iba perdiendo terreno rápidamente.
JAVIER
Las Cañitas no era lo que parece que es ahora, y los apartamentos del edificio eran todos como el mío, creo que ya lo dije: ínfimos.
El tipo vivía en la misma planta que yo y era más o menos amigo de Juli. Más adelante me enteré de que era tripulante de Aerolíneas Argentinas y se llamaba Javier Cantlon. Entró en mi apartamento con su propia llave y dejó en el suelo, junto a la puerta, una caja de cartón. Me miró con cierta desconfianza y luego me preguntó por Juli. Le dije que no estaba y que yo me había hecho cargo del apartamento. Salió y cerró la puerta. La caja se quedó allí.
Un par de días más tarde, al entrar en el apartamento, noté que la caja no estaba. Al rato apareció el tipo. Esta vez tuvo la delicadeza de tocar el timbre. La delicadeza acabó enseguida cuando me preguntó:
- ¿Vos agarraste un reloj de la caja?
Me lo quedé mirando un momento largo. Luego cerré la puerta.
El timbre volvió a sonar. Abrí la puerta.
- Te invito a un whisky -me soltó.
A continuación giró sobre sus talones y se dirigió a su apartamento.
- ¿Con hielo? -preguntó.
- Sí, bastante.
Tenía un equipo Marantz con unos altavoces cuyas cajas parecían ocupar la mitad del apartamento. Puso un disco de Billie Holliday de la época final. El disco era viejo y la calidad del equipo resaltaba el deterioro. El deterioro del disco iba a juego con la voz de Billie que ya estaba muy cascada, lo que,curiosamente favorecía el resultado final. Sobretodo si uno se encontraba en esa etapa en la que todavía te fascina un poco el toque autodestructivo.
Me dio la impresión de que a Javier le fascinaba cantidad.
Bebimos en silencio hasta que acabó el disco. Tres copas cada uno, las mías con mucho hielo, mientras Javier me estudiaba.
Finalmente, cuando se hizo el silencio, dijo:
- Puede que haya contado mal...
- Seguro -dije yo.
- Ya -dijo él.
- .....
- .....
- .....
- ¿Te importa si de vez en cuando dejo algo en tu apartamento?, tendría que conservar la llave, claro...
- Siempre que cuentes bien, no hay problema.
Juli me había contado que Javier traía cosas de EEUU y que, por lo que pudiera pasar, las dejaba un par de días en el que ahora era mi apartamento. También me dijo que el tipo estaba bastante loco, pero que era de fiar.
Luego de un par de copas más y algo de Miles Davis me levanté para irme. Javier revolvió un poco en un bolso de mano y sacó unos ateojos Ray Ban, fotocromáticos, con intención de dármelos.
- Gracias -lo atajé-, con el whisky y la música ya está bien.
Se quedó un momento mirándome fijo y luego volvió a guardar los anteojos en su sitio.
Cuando crucé la puerta ya éramos todo lo amigos que podían llegar a ser dos tipos como Javier y yo en aquellas circunstancias.
Aparte de su trabajo como tripulante, Javier sólo tenía dos ocupaciones: la bebida y las mujeres. Javier era la viva demostración de que para hacer muchas conquistas basta con que lo intentes con todas las mujeres que se te crucen por delante. Era razonablemente apuesto, vestía razonablemente bien y tenía un sentido del humor bastante negro pero ingenioso. Solo que con esos mismo atributos había infinidad de tipos que no se comían una rosca.
No era el caso de Javier.
Javier siempre tenía un chica a mano y, en ocasiones, tenía más de una. Entonces tocaba a mi timbre y me decia:
- Necesito ayuda, a estas dos no les van los tríos.
Se podía permitir ser espléndido sin ser siquiera generoso.
Como no conseguía clasificarme, había decidido que yo era una especie de genio. Supongo que para satisfacer su ego, que era bastante importante, tenía que atribuirme una importancia de similar calibre antes de darme un lugar de privilegio en su existencia.
Conclusión: tuve que aumentar las provisiones de J&B.
La coca-cola iba perdiendo terreno rápidamente.
Conocí a Javier y estuve en donde relatas. La descripción es muy atinada. Recuerdo una vez, él argumento un reclamo por centavos y luego me invito a cenar sin reparos. "espléndido sin ser siquiera generoso".
ResponderEliminarConocí a Javier en Mar del Plata (soy oriunda de ahi). Salimos unas veces. Durante años me llamó por telefono, y fuimos amigos "telefónicos". Las llamadas duraban horas. Yo pensaba de donde me hablará ya que le debía costar una fortuna, pero si hablaba desde su casa y si le costaba una fortuna. Un día me enteré que estaba internado y viaje a donarle sangre. Ese día no se quiso despegar más. Fuí su pareja durante 3 años entre idas y vueltas. Si se que fue mujeriego, pero no cuando estuvo conmigo. Soñaba con tener un hijo y llamarle Francisco Javier. Me hacía pasear con un almohadón simulando la panza y la acariciaba. Lamentablemente, la bebida no la pudo dejar, si no estaríamos juntos y el vivo. Cuando me enteré de su muerte, por una publicación en un diario irlandés,no pude dejar de llorar. Llamé a su casa para hablar con su tía, y ella también había fallecido pero la semana anterior. Y ahora mirando lo que escribieron sobre él, me emociono, miro al cielo y le digo: "siempre estarás en mi corazón, te recuerdo con mucho cariño, quizás en otra vida nos crucemos otra vez y seríamos la familia perfecta que tanto quisiste y no se te dió"
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