jueves, 13 de octubre de 2011

Consecuencias de un libro ameno

Afectuosamente dedicado, Miguel Soler me obsequia con su libro de memorias.
El libro cuenta ya con varios años de existencia pero yo no lo conocía, como tampoco, hasta hace poco tiempo, conocía a Miguel.
Lo encaro con el consabido temor de que no me guste y luego tener que decir o no decir algo al respecto, como suele suceder con las obras de amigos y conocidos.
Para mi grata sorpresa compruebo que se trata de una obra de lo más amena, escrita con profesionalidad y un fino sentido del humor.
El relato de las muchas anécdotas y los muchos y muy conocidos personajes que se pasean por las divertidas páginas del libro, y pese a que éste tiene la delicadeza de referirse a sí mismo apenas lo imprescindible, configura (y completa, para mí) el rostro esencial del autor
Resulta grato (y un tanto sorprendente), a estas alturas de la vida, encontrarse con que un ocasional compañero con el que compartes las verdes superficies del campo de golf y la mesa de póquer se nos revele de pronto como un incipiente amigo, palabra, ésta, a la que me gusta tratar con el máximo respeto. De ahí el adjetivo con que la acompaño y que espero borrar a su debido tiempo.

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