Me entero (hoy en día casi no hay forma de no enterarte de cuanta pavada circula por el ciberespacio) de que el actual marido de Isabel Preysler, o sea Vargas, el escritor interminable, recomienda a un ficticio aspirante a novelista que nunca escriba pensando en el éxito o en los premios que supuestamente podría ganar con su actividad literaria. En un señor que ha transitado por las diferentes posturas ideológicas más convenientes y a la moda en cada momento de su carrera con el fin de acceder a los más altos reconocimientos oficiales dicha recomendación resulta un tanto incongruente como no sea para disuadir a los incipientes escritores de hacerle la competencia. Si la geopolítica continúa por donde parece que va, en cualquier momento pide la ciudadanía china a ver si le cae algún otro premio.
En similar orden de cosas, Alfonso Guerra (aquel de los doberman) critica a la izquierda extrema el haber querido meter miedo con respecto a Vox y favoreciendo así el vuelco de la derecha hacia una mayoría absoluta del PP en Andalucía.
En otro orden de cosas, el aspirante a político Errejón pide a la selección de fútbol que vista un equipo con los colores de las infinitas tendencias sexuales a la moda. Supongo que lo siguiente será pedirle o exigirle al entrenador que incluya un X porcentaje de cada género en su plantilla y otorgarle una X cantidad de minutos a cada género en los partidos a disputar. Por suerte yo, como diría hace años un famoso jugador de fútbol al que se le preguntaba por qué no había seguido jugando unos años más, dejé de interesarme en el fútbol "desde que empecé a ver secadores de pelo en el vestuario".
María del Monte sale del armario. Por lo que se puede apreciar en las fotos se intuye que ya no cabía.
Almodóvar anda por hacer una de vaqueros, parece que las peleas en en Saloon van a ser a base de arañazos y tirones de pelo.
Los golfistas en decadencia son los que más dinero van a ganar esta temporada. Parece que los moros tienen más ganas de despilfarrar moneda que Pedro Sánchez. A su favor cabría señalar que los moros lo pagan con su dinero y no con el mío.
Uno de esos actores españoles viene a decir, en referencia a ese asunto del aborto, algo así como que no se puede agredir, pisotear y no sé qué más a alguien que no ha nacido. Estoy de acuerdo, no se puede.
Si no fuera porque estoy muy mayor y porque soy físicamente cobarde (y porque ya no creo que quede sitio a donde huir) estaría tentado a hacer las de Jeremiah Johnson. Cada vez estoy más convencido de que nos merecemos el advenimiento del maldito meteorito.