miércoles, 18 de abril de 2018

Letizia

La primera obligación de los reyes consiste en guardar las apariencias

La segunda aún no se ha descubierto cuál viene a ser

                                            Esta chica, ni eso
 

viernes, 16 de marzo de 2018

Corres peligro

Retomo este tema porque parece que, como decía Phillip Marlowe, "algunos nunca aprenden", salvo que "algunos" resulta un poco demasiado corto para el caso. O, como siempre dice mi hermano, "es que no van al cine". O, matizo yo, van al cine pero no se enteran de la película.
Ahora mismo me viene un ejemplo muy clarificador (aunque no espero que se entienda ni que se preste atención al asunto): Una película denominada "El Sr. Klein" o "El otro señor Klein". En dicho film, el protagonista (SR.Klein), encarnado para  la pantalla por Alain Delon, era un traficante de arte durante la ocupación nazi de Francia. Entre otras cosas se beneficiaba comprando obras a judíos y vendiéndolas con un gran margen a etnias no contaminadas. En algún momento, por algún motivo, la Gestapo empieza a investigarlo y, luego de una serie de kafkianas vicisitudes, se lo embarca  en un tren con destino a un campo de concentración con la estrella amarilla de seis puntas cosida al abrigo y ya no hace falta adivinar el resto con lo que la película acaba con esa escena. De más está decir (pero "de más está decir" es solo retórica) que el Sr. Klein no era judío. Y también de más está decir que el mensaje viene a ser: "cuando las barbas de tu vecino veas arder....etc.etc."   

Pero, ¿a qué viene todo esto?

Bueno, viene a que la caza de brujas parece estar en pleno apogeo y, considerando que la lideran los famosos de Hollywood con todo su potencial mediático, en cualquier momento te puedes encontrar, como el otro Sr. Klein, en un tren con destino Auschwitz sin comerla ni beberla, por decirlo de alguna manera.

Como dato anecdótico, resulta interesante y un tanto paradójico que los liberales de Hollywood, que tanto han protestado (a posteriori y sin correr riesgos) contra el nefasto senador McCarty, sean los que han tomado su relevo a la hora de apartar de su fuente de trabajo a personas que no han sido previamente juzgadas y condenadas por la justicia ordinaria.

Pero, claro, el personal es de izquierdas o de derechas, es hincha del Barcelona o del Madrid, pero no está interesado por la política, ni por la justicia, ni por el fútbol.

Con el personal no hay manera, che.



 

viernes, 16 de febrero de 2018

De buenas intenciones.....

Parece que lo más lejos que es capaz de llegar el tipo hombre, puesto a combatir una injusticia, consiste en proponer otra injusticia igual y contraria.

viernes, 2 de febrero de 2018

Siguiendo con la pavada

Ahora, una señora publica una columna en el Diario de Mallorca en la que exige una mayor cantidad de gordas en la televisión del país.
Espero con ansiedad la aparición en los medios de un Lobby de calvos a ver cuándo me toca acceder a algún tipo de beneficio sin siquiera merecerlo.

jueves, 1 de febrero de 2018

La nueva Inquisición

 Ahora parece que la última moda viene a ser eso de juzgar sumariamente (y públicamente) al prójimo sin que éste tenga un mínimo de derecho a defensa o apelación. La Suprema Corte de Injusticia (o la sede central de esta Santa Inquisición) parece estar afincada en Hollywood, con lo que su efecto contaminante llega rápida y eficazmente a todos los puntos del Orbe.
 Las principales salas de audiencia vienen a ser las galas de entregas de premios cinematográficos.

La última moda anterior era la de la exaltación de la homosexualidad mediante la entrega de premios con un altísimo componente de "discriminación positiva" (expresión ésta que ya habla por sí sola). Antes se había premiado a cualquier personaje que ostentara una deformación física y/o funcional. Etc.
 De más está decir que cualquier valoración artística ha pasado desde hace tiempo a un segundo o tercer plano en beneficio de la llamada "corrección política" imperante.
 Ahora la han tomado con los llamados "acosadores". En la última entrega de los Globos de Oro se centraron principalmente en este perfil de acusado. El presentador y sus secuaces (entre los que destacaba la desagradable y sobrevalorada Meryl Streep) se dedicaron principalmente a fomentar la persecución indiscriminada del nuevo anatema. Para ello eligieron principalmente a un señor Weinstein al que se acusa de pretender y muchas veces conseguir  acceder al usufructuo del organismo de diversas señoritas armado de su poder para otorgar papeles e incluso mediante el abuso de su fuerza física. La imagen del reo también resulta apropiada en tanto parece un individuo bastante repulsivo físicamente de modo que a uno, que desde hace tiempo asiste a estos espectáculos más bien distraídamente, le cuesta poco aceptar su condena. Eso hasta que unos días más tarde uno lee en el periódico que una actriz le acusa tardíamente de violarla en DOS ocasiones a su vez distanciadas en el tiempo la una de la otra  (lo que a uno le recuerda el chiste aquel del camionero y la monja). Entonces uno interroga a su memoria y viene a recordar que el presentador se permitió opinar (impunemente) que el segundo imputado, el actor Kevin Spacey, era profesionalmente indigente sin que ninguno de los presentes mostrara sorpresa alguna. Spacey, quien parece que iba a ser un más que firme candidato al Oscar, ha sido  borrado del firmamento hollywoodense y parece que, más literalmente, también ha sido borrado del celuloide de su última película.
Mientras tanto la Inquisición se expande.  El Gran Hermano de Orwell se encarna y se multiplica en infinidad de delatores que pululan por el ciberespacio. El personal de a pie se indigna convenientemente mientras se dispone a evitar cualquier enfrentamiento televisivo con el Keyser Soze de "Sospechosos habituales" o con el asesino de "Seven" o con el detective de "L.A. Confidential", por ejemplo/s.

 En fin, si no perteneces a un Lobby apresúrate a que te admitan en alguno
                                                                                                      créeme, corres peligro...