martes, 2 de octubre de 2012

Literatura


                                                LITERATURA


  Apagó el teléfono. Era el editor. Le llamaba por eso último que Horacio le había enviado para meter en una antología de cuentos breves: DOCE MOTIVOS PARA MATAR. 
 Demasiado corto, había dicho el editor. Horacio abrió el ordenador y leyó de nuevo el cuento. Ahí estaba todo lo que tenía que decir.  Apenas tres carillas . Cogió el teléfono:
- Mira -dijo Horacio- lo siento, cualquier cosa que quiera agregar, SOBRA.
- Venga -respondió el editor- no te sulfures, te lo explico. El cuento está bien, para mi gusto está muy bien, pero es corto, demasiado corto. Necesito por lo menos cinco carillas...y no es solo eso. No lo van a entender.
- Pues, yo no tengo la culpa -dijo Horacio- ahí está todo lo que hace falta. El iceberg, ¿recuerdas?, lo que no sale lo tiene que rellenar el lector.
- Eso era en otros tiempos, ahora no quieren PENSAR, quieren ENTRETENERSE. El tipo mata porque se aburre, vale. Pero ellos quieren saber POR QUÉ se aburre.
- Pues, ahí está todo.
- Oye, ¿quieres que te incluya en la antología o prefieres seguir siendo otro de esos genios anónimos que se emborrachan y se masturban mutuamente en las tertulias de fracasados?
- Yo sólo bebo Coca Cola, y me paspan las tertulias.
- Bueno, como quieras, un fracasado abstemio y solitario.
- No soy abstemio,  soy adicto a la Coca Cola.
- Oye, no tengo todo el día. Piénsatelo y envíame cinco folios. Tienes hasta el martes.
  Horacio colgó el teléfono. Quiero ser rico y famoso, pensó. Se puso a la tarea. Empezó a rellenar aquello. podía escribir tres carillas, treinta carillas, trescientas carillas, tres mil carillas de basura descriptiva.

 Dos días más tarde, sonó el teléfono. El editor.
- Demasiado largo, es una antología de cuentos BREVES.
- Vale, tienes el original y tienes esto otro, recorta lo que quieras y envíame el cheque, adiós.
-Espera, espera, vale, ¿tengo permiso para recortar?
- Tienes. y ENVIAME EL MALDITO CHEQUE, me estoy quedando sin coca cola.
- Vale, pero quiero decirte algo: ahí tienes una novela. Ya sabes, no eres nadie hasta que publicas una novela. 
- Bueno, está Borges, ¿no?
- Sí, ahora te vas a comparar con Borges, claro.
- Era un ejemplo, no soy tan estúpido.
- Pues ahí tienes un personaje para una novela, este cuento podría ser el principio. Coge lo que me enviaste y sigue por ese camino. Me gusta  la idea.
- ¿Cuántas páginas?
- Vamos, no te hagas el gracioso: una novela.
- Te escribiré seiscientas páginas y haré como Vargas, me haré ciudadano español y ganaremos el Cervantes, hablaré mal de Putin y ganaremos el Nobel, me iré a vivir a Atlanta y compraré la mayoría de las acciones de Coca Cola, me casaré con Beyoncé. Y el público podrá amortizar el coste del libro, tendrá para leer durante todo el crucero...
- Reconócelo, le tienes envidia, por eso le llamas Vargas, a secas.
- Le llamo Vargas porque SE LLAMA VARGAS.
- Es un gran escritor.
- Es un escritor INTERMINABLE.
- Te mata la envidia.
- Vale, me mata la envidia.
- Oye, piénsate lo de la novela. Va en serio.
 Cortó. Se quedó pensando en Vargas. Odiaba a Vargas: ahora soy de izquierdas, ahora de derechas, ahora de centro. Soy republicano. Me codeo con el Rey. Cuando escribo una novela hago política. 
Cuando hablo de política hago literatura... gran confusión.
 Abrió el ordenador y se puso a ello. Cien páginas, doscientas páginas, trescientas páginas...y luego que corte lo quiera. Diez días. Todo de un tirón. Puso la dirección de correo y lo envió sin corregir. Que trabajen un poco ellos.
Después se recostó en el sofá. Estaba agotado. No le gustaba NADA trabajar.
Necesitaba el dinero.
Empezó a quedarse dormido:
                                               Atlanta
                                                 Coca Cola
                                                   Golf en Augusta
                                                     Beyoncé...