viernes, 29 de junio de 2012

Excusas III

Suelo pensar que, si todavía estoy vivo ( y lúcido (???)), cuando ya no pueda jugar al golf me voy a dedicar exclusivamente a escribir

Pero, si no eres capaz de practicar el sexo ni de jugar a la pelota, ¿cómo vas a tener ganas de escribir nada?

Excusas II

Hoy, porque hace mucho calor para jugar al golf, podría escribir una novela
Empezarla y terminarla, quiero decir

Pero es que hace mucho calor...

Bioy

Vuelvo a leer el diario de Bioy Casares

Bioy siempre es grato de leer, sobre todo cuando a uno ya no le interesa leer nada, o casi nada

A Bioy le jodía mucho hacerse viejo

Como a mí
                 no porque abrigara expectativas de hacer cosas nuevas sino porque le habría gustado seguir
                 haciendo eternamente las mismas cosas.

(Ahora que lo pienso me doy cuenta de que habemos solo unos pocos que amamos la vida
                                                                                                                                      así, sin más).

Otra vez los puntos y las comas

De nuevo X me recrimina el uso o no uso indiscriminado de los puntos y las comas

Bueno, digamos que, como soy perezoso, solamente pongo puntos y comas cuando me parece que no hay más remedio
Punto

Excusas

Me encantaría que mucha gente leyera mi blog
Si fuera gente inteligente, mejor

De ese modo puede que yo me preocupara por cuidar más y mejor lo que escribo y de cómo lo escribo

Claro que siempre está aquello del proverbio zen:

            Si tienes un bastón, te daré uno
            Si no lo tienes, te lo quitaré

Otra opción sería la de admitir que no tengo talento ni nada importante que decir.
De ese modo me quitaría esta intermitente y  molesta necesidad de trascendencia y podría disfrutar de mi natural condición de holgazán profesional, plenamente.

Enamorarse

Eres joven mientras tienes la capacidad de enamorarte - dice un tipo de más o menos mi edad

Sí - pienso yo - pero estás bien jodido.

jueves, 28 de junio de 2012

El sueño eterno

LLeva más de quince años anunciando, cada semana, el emprendimiento de un curso de esto o aquello, de un trabajo, etc.
Cada vez se trata de un proyecto diferente y hasta contradictorio que luego no se lleva a cabo
Va a cumplir, creo, treinta y cinco años

Me resulta difícil comprender cómo es que no se aburre
Supongo que la marihuana tendrá algo que ver con esta capacidad de tolerancia infinita

Mientras tanto el tiempo pasa
                                                inexorable

martes, 19 de junio de 2012

EL SUEÑO DE LOS OTROS (4)

                                                                           (4)

                                                                       JAVIER

Las Cañitas no era lo que parece que es ahora, y los apartamentos del edificio eran todos como el mío, creo que ya lo dije: ínfimos.
El tipo vivía en la misma planta que yo y era más o menos amigo de Juli. Más adelante me enteré de que era tripulante de Aerolíneas Argentinas y se llamaba Javier Cantlon. Entró en mi apartamento con su propia llave y dejó en el suelo, junto a la puerta, una caja de cartón. Me miró con cierta desconfianza y luego me preguntó por Juli. Le dije que no estaba y que yo me había hecho cargo del apartamento. Salió y cerró la puerta. La caja se quedó allí.
Un par de días más tarde, al entrar en el apartamento, noté que la caja no estaba. Al rato apareció el tipo. Esta vez tuvo la delicadeza de tocar el timbre. La delicadeza acabó enseguida cuando me preguntó:
- ¿Vos agarraste un reloj de la caja?
Me lo quedé mirando un momento largo. Luego cerré la puerta.
El timbre volvió a sonar. Abrí la puerta.
- Te invito a un whisky -me soltó.
A continuación giró sobre sus talones y se dirigió a su apartamento.

- ¿Con hielo? -preguntó.
- Sí, bastante.

Tenía un equipo Marantz con unos altavoces cuyas cajas parecían ocupar la mitad del apartamento. Puso un disco de Billie Holliday de la época final. El disco era viejo y la calidad del equipo resaltaba el deterioro. El deterioro del disco iba a juego con la voz de Billie que ya estaba muy cascada, lo que,curiosamente favorecía el resultado final. Sobretodo si uno se encontraba en esa etapa en la que todavía te fascina un poco el toque autodestructivo.
Me dio la impresión de que a Javier le fascinaba cantidad.
Bebimos en silencio hasta que acabó el disco. Tres copas cada uno, las mías con mucho hielo, mientras Javier me estudiaba.
Finalmente, cuando se hizo el silencio, dijo:
- Puede que haya contado mal...
- Seguro -dije yo.
- Ya -dijo él.
- .....
- .....
- .....
- ¿Te importa si de vez en cuando dejo algo en tu apartamento?, tendría que conservar la llave, claro...
- Siempre que cuentes bien, no hay problema.

Juli me había contado que Javier traía cosas de EEUU y que, por lo que pudiera pasar, las dejaba un par de días en el que ahora era mi apartamento. También me dijo que el tipo estaba bastante loco, pero que era de fiar.
Luego de un par de copas más y algo de Miles Davis me levanté para irme. Javier revolvió un poco en un bolso de mano y sacó unos ateojos Ray Ban, fotocromáticos, con intención de dármelos.

- Gracias -lo atajé-, con el whisky y la música ya está bien.

Se quedó un momento mirándome fijo y luego volvió a guardar los anteojos en su sitio.
Cuando crucé la puerta ya éramos todo lo amigos que podían llegar a ser dos tipos como Javier y yo en aquellas circunstancias.

Aparte de su trabajo como tripulante, Javier sólo tenía dos ocupaciones: la bebida y las mujeres. Javier era la viva demostración de que para hacer muchas conquistas basta con que lo intentes con todas las mujeres que se te crucen por delante. Era razonablemente apuesto, vestía razonablemente bien y tenía un sentido del humor bastante negro pero ingenioso. Solo que con esos mismo atributos había infinidad de tipos que no se comían una rosca.
No era el caso de Javier.
Javier siempre tenía un chica a mano y, en ocasiones, tenía más de una. Entonces tocaba a mi timbre y me decia:
- Necesito ayuda, a estas dos no les van los tríos.
Se podía permitir ser espléndido sin ser siquiera generoso.
Como no conseguía clasificarme, había decidido que yo era una especie de genio. Supongo que para satisfacer su ego, que era bastante importante, tenía que atribuirme una importancia de similar calibre antes de darme un lugar de privilegio en su existencia.

Conclusión: tuve que aumentar las provisiones de J&B.
La coca-cola iba perdiendo terreno rápidamente.

lunes, 18 de junio de 2012

jueves, 7 de junio de 2012

Vargas y la otra

En televisión, la periodista Julia Otero entrevista al político Vargas Llosa
También sale un variopinto panel de preguntones con derecho a una pregunta a Vargas
Hay de todo: un par de políticas, un periodista, un otro escritor, una hija de Lola Flores, un ex futbolista, uno que no lo conoce nadie...
El que parece más serio, el periodista Herrero, le pregunta a Vargas que opina sobre el incidente del Rey, el elefante y lo otro
Como es natural, nadie pregunta nada sobre literatura

Otero está encantada y todo el tiempo parece estar a punto de desnudarse y hacer entrega de su organismo a Vargas

A Vargas se lo ve de lo más acomodado en su pedestal y responde a todo de la forma más convenien-te, con gran correción política y también con gran condescendencia (salvo cuando se trata de atacar al comunismo), incluso cuando Otero confunde el sentido del término "petit morte" al cual otorga el significado de impotencia senil

Vargas se muestra como un gran demócrata
Vargas otorga un apoyo sin fisuras a la monarquía española
Vargas es afable y deja contento a todo el mundo

Como no se habla de literatura, me paso al canal de golf

Mi opinión sobre Vargas no se ha visto modificada

Como político, un hombre que siempre ha tenido muy claro lo que mejor le conviene

Como escritor, interminable

viernes, 1 de junio de 2012

Los actores españoles

Ramis me pasa un artículo de Arcadi Espada en el que Espada se refiere a los actores españoles. La opinión (pésima) que Espada tiene de los actores españoles coincide tan exactamente con la mía y está tan clara y concisamente expuesta ("es difícil encontrar un actor español que sepa entrar en un café y decir buenos días. Entran y lo dicen, pero más parece que estuvieran a punto de conquistar Flandes o bien a punto de morirse, sabiéndolo") que no me queda más que recomendar su lectura a mis otros dos seguidores.(*)

(*) Ver El Cultural, 25 de Mayo de 2012